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De vaca o de almendras, ¿qué leche es mejor para el medio ambiente?

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CIUDAD DE MÉXICO.

Dean, un productor de lácteos en Modesto, California, es una rareza. A diferencia de la mayoría de los productores de leche, incluyendo a su padre, él ha visto cómo su rebaño de vacas es reemplazado por el supuesto villano del sector lácteo: las almendras.

Semejante movimiento parece estar de acuerdo con las tendencias del consumo actual. Más de un tercio de los consumidores en Estados Unidos están buscando incorporar a sus dietas alimentos y bebidas hechos a base de vegetales. Y la leche ha sido uno de los productos en primera fila en dicho cambio.

Mientras las ventas de la leche de vaca han disminuido una tercera parte en Estados Unidos desde los años 70, las ventas de alternativas vegetales han aumentado un 6% desde 2012. Con un valor estimado de $2 billones el año pasado, ahora representan alrededor del 10% del total de la leche en el mercado. La leche de almendra es la alternativa más popular dentro de las opciones libres de lácteos, representando al 64% del mercado.

Aquellos motivados por el medio ambiente para dejar de consumir leche de vaca argumentan que quieren reducir la huella ecológica que provoca en el planeta. Las vacas son grandes usuarios de la tierra y de otros recursos, y son una fuente clave de emisión de metano, un potente gas de efecto invernadero.

Aún así, cuando es momento de elegir entre la leche de vaca y la de almendra, la decisión es complicada.

La huella ecológica de los lácteos puede variar ampliamente dependiendo de la tecnología implementada, la ubicación y el manejo de la granja. Algunos granjeros del sector lácteo en California están tratando de mejorar sus medidas de sustentabilidad. Por ejemplo, Albert Straus, dueños de la marca Straus Dairy, instaló un digeridor de metano que está generando energía a partir del estiércol de la vaca.

“Estoy tratando de crear un modelo que sea viable económicamente, sustentable para la tierra y humana para los animales,” dijo Straus.

Incluso se habla de que productores en California están añadiendo algas al alimento de las vacas para ayudar a reducir las emisiones de metano.

Las vacas permanecen como las responsables del 45% de las emisiones de metano en California. Por otra parte, las almendras tienen una huella ecológica diez veces menor que la leche de vaca.

Entonces, ¿es una elección clara para los consumidores con una conciencia ambiental? No exactamente. La leche de almendra tiene sus propias desventajas.

El impulso para plantar almendras en California ha alcanzado niveles récord este año. El estado produce 80% del cultivo de almendras a nivel mundial, con una producción estimada a aumentar una tercera parte para 2021. A pesar de todo, no ha escapado de las críticas por las grandes cantidades de agua que se utilizaron para el cultivo de almendras en la reciente sequía en California. Aún más, el 70% del cultivo de este producto en California no es consumido por estadounidenses, sino que es exportado al exterior.

Un estudio reciente encontró que la leche de almendra utiliza 17 veces más agua que la de vaca. Algunos comentarios, sin embargo, dijeron que es injusto criticar a los productores de almendras por su uso de agua, cuando el problema en realidad se debe a una falla para establecer correctamente el precio del agua, así como una falla en otras partes de EU y del mundo para emparejar el éxito de producción en California.

Definitivamente no podemos criticar la producción de almendras en el estado, escribió Dennis Baldocchi, un profesor de la Universidad de Berkeley, California, en un reporte reciente del Sustainable Food Trust. Argumenta que la pregunta es, “¿se pueden cultivar en alguna otra parte de manera más barata y con menos agua?”

Muchos dirían que que también es injusto empezar a enfrentar a las almendras y a las vacas entre sí, ya que no son sustitutos directos. La leche de almendra contiene menores niveles de carbohidratos, grasas y proteínas por unidad de volumen que la leche de vaca. Pero representan una buena imagen del dilema que tiene la gente cuando busca productos verdes.

Entonces ¿en dónde deja todo esto al consumidor responsable? Encabezados recientes sugieren que eliminar el consumo de carne y de lácteos es la mejor elección que podríamos hacer por el planeta. Sin embargo, es irreal pensar que va a haber un cambio inmediato en el consumo de la carne y de los lácteos, pues como se menciona, las almendras también tienen un impacto.

Dada esta realidad, mantener una dieta sustentable debería de consistir en asegurarnos de que lo que consumamos esté cultivado de forma sustentable.

Para lograr esto, lo que los productores necesitan son mejores precios señalados para el cultivo sustentable y que los gobiernos establezcan correctamente normas sobre el precio del agua y la contaminación del aire. De esta manera, los productores estarán obligados a adaptarse y el medio ambiente, en cada región, podrá ser ayudado.

Para Dean en California, eso ya está sucediendo con crecientes regulaciones de sustentabilidad que influencian sus elecciones sobre qué producir. En el pasado, el impacto de la producción de alimentos en el medio ambiente no era siempre reconocido. El precio de la leche y el queso no pagaba, por decir, por el agua utilizada para alimentar al ganado ni por las emisiones de metano.

Pero ahora esto está cambiando.

Para los productores de lácteos en California, es más caro cumplir con las regulaciones de la calidad del aire que en otros estados, de acuerdo con grupos de la industria. Las regulaciones del estado de California aprobadas en 2016 obligan a los productores a reducir los niveles de emisión de metano un 40% entre 2013 y 2030.

“Las regulaciones agregan costos,” dijo Dean. “Mi padre está apegado a los lácteos, pero mis hermanos son más abiertos. ¿Por qué estamos trabajando tan duro por la rentabilidad que nos piden cuando podríamos cultivar almendras con menor esfuerzo y más dinero?

Mientras que California sigue siendo el estado con la mayor producción de lácteos en Estados Unidos, Dean puede ver cambios al respecto próximamente.

“Podemos ver acre tras acre (de almendras) plantado en California. Yo veo una tendencia descendiente en el volumen de la leche en California,” dijo.

Productores de almendras también enfrentan regulaciones. California está ajustándose a las restricciones en la extracción de aguas subterráneas y con llamados para un sistema de comercio de agua en todo el estado que establezca un precio conforme a la oferta y la demanda.

Por supuesto, cuando se trata de hacer decisiones responsables sobre los alimentos, muchos consumidores también se preocupan por el bienestar de los animales. Los reguladores también pueden tomar la iniciativa en esto. En Suecia, por ejemplo, es requerido por la ley que las vacas coman en la intemperie por lo menos una parte del año. La Unión Europea también ha prohibido el uso de hormonas –permitidas en Estados Unidos—para estimular una mayor producción de leche en las vacas.

El dilema de Dean es una ilustración actual del camino conflictivo para consumidores y productores. Si los reguladores lo hacen correctamente, no habrá necesidad de demonizar alimentos.

La búsqueda de los consumidores por comprar más productos amigables con el medio ambiente ha incrementado la consciencia sobre la huella ecológica que la producción de alimentos deja en el planeta, pero no necesariamente termina con el daño ambiental.

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