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Tributo a los creadores de instantes del siglo XIX en el Museo del Estanquillo

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EXCELISOR

La exposición De tu piel espejo. Un panorama de la fotografía en México, 1860-1910, que incluye 700 imágenes, es un gran homenaje al daguerrotipo

CIUDAD DE MÉXICO.

Cerca de 700 fotografías del siglo XIX y algunas del XX reflejan el boom del retrato en nuestro país en la exposición De tu piel espejo. Un panorama de la fotografía en México, 1860-1910, que abre mañana en el Museo del Estanquillo y permanecerá abierta al público hasta el 19 de abril de 2020.

Incluye imágenes inéditas y otras poco vistas de personajes como Nahui Olin, Ignacio Zaragoza, Miguel Miramón, Melchor Ocampo, Benito Juárez, Maximiliano de Habsburgo, Margarita Maza y la emperatriz Carlota; de periodistas y estudiantes encarcelados por Porfirio Díaz y el primer álbum de prostitutas que data de 1868, así como muebles originales que presentan la ambientación de un estudio de época.

Así lo explicó Gustavo Amézaga, curador de la muestra, quien destacó el legado de fotógrafos como el tapatío Octaviano de la Mora, el estudio de Cruces y Campa, los hermanos Valleto, Maya y Sciandra, Francisco Casanova, y Manuel y Felipe Torres, quienes llegaron a la capital desde Morelia, entre muchos más.

 

Carmen Mondragón (Nahui Olin), en 1896. Colección Taide Ortega.

 

La exposición se conjuntó a partir del acervo de Carlos Monsiváis en el Estanquillo y de otras colecciones públicas y particulares, como parte del festejo por los 180 años de la llegada del daguerrotipo a México, situada en diciembre de 1839, cuando se registraron los primeros trabajos en Veracruz.

Al mismo tiempo, es un homenaje a Monsiváis (1938-2010), gran coleccionista de la fotografía mexicana. Además, tiene la intención de hacer un homenaje a los grandes fotógrafos del siglo XIX en México, muchos de ellos mexicanos y otros extranjeros, quienes vinieron a la Ciudad de México para trabajar”, explicó el curador de la muestra y autor del libro Hermanos Sciandra.

El tema es que en 1860 empezó a producirse en México la fotografía en papel por medio del negativo y, a partir de, ahí la fotografía empezó a cobrar mayor fuerza, detalló.

¿Qué había pasado antes de 1839 y hasta 1860?, se preguntó Amézaga. “Se practicaban técnicas que eran llamadas ‘imágenes únicas’, ya que se tenía un daguerrotipo o un ambrotipo, procedimientos anteriores a la foto en papel.

Esto implicaba que no hubiera multiplicidad de imágenes como sucedió con la llegada del papel, es decir, había un negativo y podían pedirse seis y hasta 12 fotos. Entonces sucede que tú empiezas a intercambiar la foto, se la das a tus hermanos, a tus papás, pues la foto en papel se popularizó en México con llamada carte-de-visite (tarjeta de visita), que era muy ligera.

Digamos que era un cartoncito al que se adhería el papel fotográfico y entonces podía ser enviada por correo postal, lo cual se convirtió en una novedad. Así fue como empezó a fluir un gran intercambio de instantáneas y empezaron a ser coleccionadas.

Por ejemplo, se coleccionaban de políticos, del alto clero, de actores, de la realeza, médicos famosos, cantantes de ópera y bailarinas, es decir, todo un universo visual que se abrió a esa masificación de la fotografía”, detalló.

Sin embargo, históricamente hay un factor que detonó el gusto por la fotografía durante el Segundo Imperio. “Antes de que llegaran Maximiliano y Carlota, enviaron retratos de ellos para que sus súbditos mexicanos los conocieran; mandan fotos, se hacen litografías y se venden por miles en México. Así que, de forma casual, el Segundo Imperio le dio el espaldarazo a la tarjeta de visita y, sobre todo, a la foto impresa en papel, que se vuelve moda y se masifica, hasta el punto en que cada persona se retrataba cada año con un fotógrafo diferente para ir descubriendo cómo era su cuerpo y su rostro”, dijo Amézaga.

 

Infante y fecha no identificados. Fotógrafo, Joaquín Urbina. Colección del Museo del Estanquillo. Imágenes: Cortesía Museo del Estanquillo

 

MUJERES, PRESOS Y PERIODISTAS

Aunque la mayoría de fotógrafos eran mexicanos, sí llegaron extranjeros a trabajar durante el Segundo Imperio. En esencia es un homenaje a todos los creadores de la lente a través de 39 módulos, en el que se explica de forma cronológica cómo fue dicho proceso y se abordan temas recurrentes, como el retrato de primera comunión, boda u otros más fuertes, como el de los muertos, que consistía en la última fotografía que se tomaba a esa persona que tú tanto querías.

Una de las piezas más impresionantes son los fragmentos del álbum de prostitutas —que pertenece a la Biblioteca Lerdo de Tejada—, encargado por el Registro Sanitario del gobernador Juan José Baz, en 1868. Se pueden ver los rostros y atuendos de esas mujeres que suman mil 500 fotos.

Hay imágenes de actores callejeros y de estudiantes y periodistas que Porfirio Díaz encarceló en 1885, que dan cuenta de un gran escándalo, pues entre los capturados estaba Enrique Chávarri, Juvenal, célebre por sus editoriales en El Monitor Republicano.

También se exhiben dos impresiones de gran formato de Maximiliano y Carlota, poco conocidas. Otras series dedicadas a los gobernantes de México y a los médicos que hoy dan nombre a la colonia Doctores; otra más dedicada a militares de EU, a personajes de la realeza, a Benito Juárez o a la niña Carmen Mondragón, de tres años, sentada en un pequeño triciclo, quien fue retratada por Octaviano de la Mora y años después será la pintora y poeta Nahui Ollin.

Asimismo de escritores, como Juan de Dios Peza, Guillermo Prieto, Ignacio Manuel Altamirano y de arquitectos como Lorenzo de la Hidalga y Javier Cavalari, así como un muro dedicado a las primeras fotógrafas mexicanas, “porque en los años 70 empezaron a trabajar mujeres como María Guadalupe Suárez, que al parecer fue la primera; las hermanas Torres y las hermanas Arriaga y Natalia Baquedano”.

¿Cuándo empezó a debatirse si la foto era arte?, se le pregunta a Amézaga. “En ese momento se pensaba que no lo era, pero se debatía el tema. Hoy nos resulta muy artístico, debido a las escenografías que los envolvían, un trabajo vital para el boom de la fotografía”.

 

En 1868, el gobernador Juan José Baz encargó el álbum de prostitutas al fotógrafo Joaquín Díaz González.

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