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¡Morir en medio del odio!

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La muerte es el mayor dolor para todos los individuos de la sociedad humana. Pero la muerte en medio del odio político, de la guerra por el poder, rebasa el dolor natural que provoca una muerte, y, a querer o no, se transforma en un círculo vicioso de odio.

Por eso, la muerte trágica de Martha Erika Alonso, gobernadora de Puebla, y de su esposo, Rafael Moreno Valle, exgobernador de Puebla, ya es la primera gran lección para el Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

¿Por qué la primera gran lección?

Porque no solo es una mala noticia para la familia de los políticos fallecidos, no solo es una dolorosa y mala noticia para los habitantes de Puebla, sino que se trata de una tragedia para todo el país; un país dividido que se polarizará aún más con eventos trágicos, como la muerte de dos acérrimos adversarios del presidente.

Es una lección porque el choque político entre el Gobierno federal y el estatal de Puebla catalizará aún más la polarización y ahondará el odio entre los posiciones políticas encontradas.

Es una lección porque, a querer o no, muchos mexicanos polarizados pensarán –sin una sola prueba– que se trató de un crimen de Estado. Porque otros pensarán que “el caso Puebla” es la respuesta a los enemigos del poder y porque queda claro que el presidente no puede y no debe maltratar a un poder estatal —como el caso de Puebla— y a ninguno de los otros poderes de la Unión.

Es una lección porque el presidente es y debe ser el centro de gravedad de la unidad nacional, de la reconciliación, de la esperanza para todos; más allá de filias y fobias, de credos y de partidos; porque el presidente no puede ser el catalizador de odios y de venganzas.

Es una lección fundamental porque queda claro que fue un grave error político del presidente, de la dirigencia del partido Morena, Yeidckol Polevnsky, y de su candidato al Gobierno de Puebla, Miguel Barbosa, el maltrato y la ofensa que durante meses lanzaron contra la candidata y luego gobernadora de Puebla; contra su esposo y senador, hoy fallecidos.

Es una lección porque no pocos recordaron la tragedia aérea del exlíder del PRI y exgobernador de Tabasco, en 1969, Carlos Alberto Madrazo Becerra, padre del exgobernador de Tabasco y excandidato presidencial Roberto Madrazo. Durante años se especuló que la muerte de Madrazo se debió a las diferencias políticas entre Madrazo y el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz y su secretario de Gobernación, Luis Echeverría.

Por eso, nadie puede especular y menos conjeturar sobre el origen de la tragedia. Nadie puede hablar de un crimen de Estado y menos repetir la siembra de odio que Morena esparció por todo el país con el caso de los 43 de Ayotzinapa, y, sobre todo, nadie debe utilizar políticamente la tragedia de la gobernadora y del exgobernador de Puebla.

Nos guste o no, debemos esperar a que la autoridad haga lo suyo; investigue a fondo lo ocurrido, deslinde responsabilidades y llegue al fondo de la tragedia.

Al tiempo.

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