Lonas exhiben fracturas en la 4T; ciudadanía queda al margen

NAHUM VILLAVICENCIO

Oaxaca, Oax.— Este día aparecieron en distintos puntos de la ciudad lonas con imágenes de diputados federales aliados al proyecto de la llamada Cuarta Transformación, impulsado por el presidente Andrés Manuel López Obrador. Las mantas señalan a legisladores del Partido del Trabajo y del Partido Verde Ecologista de México, quienes recientemente no respaldaron una iniciativa de reforma electoral promovida por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum.

La colocación de estas lonas parece responder al enojo de sectores de Morena, partido que encabeza la coalición gobernante. Sin embargo, más allá del mensaje político que intentan enviar, el episodio deja al descubierto las tensiones internas entre fuerzas que hasta hace poco presumían unidad bajo la bandera de la Cuarta Transformación.

Lo que en campaña se presentó como una alianza sólida hoy muestra grietas. La negativa de legisladores del PT y del PVEM a respaldar la propuesta electoral evidenció que los intereses partidistas continúan pesando más que los compromisos políticos asumidos en coalición.

La reacción —exhibir a los diputados en espacios públicos mediante lonas— abre también un debate sobre la forma en que se procesan las diferencias dentro del bloque gobernante. En lugar de una discusión institucional o política abierta, el mensaje parece optar por la presión mediática y el señalamiento público.

En medio de esta disputa surge una pregunta inevitable: ¿se trata realmente de un desacuerdo de fondo sobre la reforma electoral o de una pugna por posiciones y cuotas de poder dentro de la alianza?

Mientras los partidos se señalan entre sí, la ciudadanía vuelve a quedar en segundo plano. Los problemas de fondo —seguridad, desarrollo y bienestar— pasan a un segundo término frente a las disputas internas de quienes prometieron gobernar de manera diferente.

Por ahora, las lonas colgadas en Oaxaca no solo exhiben a legisladores; también evidencian que la unidad de la coalición gobernante podría ser más frágil de lo que públicamente se reconoce. Y en ese escenario, la gran interrogante sigue siendo la misma: ¿quién representa realmente los intereses de la gente?

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