Del ring a la cocina: Así nacieron los Arroces del Baby Face, la leyenda de la Lucha Libre
El gladiador fue un ferviente apasionado de las artes culinarias que también contó con un negocio de cafés junto al Super Astro.

Maestro del pancracio y la gastronomía. El mundo de la lucha libre se vistió de luto tras enterarse del sensible fallecimiento de la leyenda Baby Face, a sus 79 años de edad, pues se le recuerda tanto por sus accionares arriba del ring como por su segunda vida al retirarse: como dueño de un famoso negocio de arroces.
Su paso en el deporte del costalazo le permitió infundir miedo en sus rivales en la Empresa Mexicana de Lucha Libre (EMLL) y en la extinta Universal Wrestling Association (UWA), tanto por sus castigos de poder como por sus fuertes machetazos, reconocidos por leyendas como El Satánico como los más dolorosos en el negocio.
Su personalidad temible cambió completamente cuando se quitó las botas y comenzó a dedicarse a su segunda gran pasión: la cocina, y no tardó mucho en presentar una propuesta que no ha dejado de deleitar los paladares de turistas y transeúntes de la calle Doctor Carmona y Valle de la Colonia Doctores, en la CDMX.
Cuando México y Japón colisionan
El puesto de lámina sobre la banqueta se decora con una imagen del gladiador junto al nombre del local, Los Arroces del Baby Face. Los horarios de comida para el sector trabajador suelen ser los que más convocatoria tienen para pedir los distintos platillos que combinan el arroz mexicano con las técnicas de otra nación que lo incluye en sus platillos típicos: Japón.
Las opciones que los fans tenían para saciar su hambre podían incluir desde pechuga hasta camarón, aunque muchos escogían de entre el menú basados en los divertidos nombres: A la Dr. Wagner, A la Místico, A la Texano y hasta A la Averno y Mefisto. Todos y cada uno de ellos mezclan la tradición nipona con la nacional, técnica aprendida en “la Tierra del Sol Naciente”, según comentó en entrevista para Cultura Colectiva.
Yo fui doce veces a Japón (…), pero descanso un día. Ese día había un amigo que se llamaba Kuroneko, entonces le pedí a él que me arreglara con un restaurante para que me dieran una clase de comida japonesa. Entonces yo hice una sazón adecuada a México, y también servir adecuado a México.
Apasionado por las artes culinarias
No se trata del primer negocio en el que el ídolo invirtió en vida. Mucho tiempo antes del arranque de su propio emprendimiento, se juntó con su colega Super Astro para darle vida a las cafeterías El Cuadrilátero, con ubicación en la alcaldía de Azcapotzalco en la capital del país.
Eventualmente, ambos crearon sus propios caminos en la industria, pues su amigo de estilo aéreo también ganaría fama con las Tortas del Super Astro. Sus dos centros de comida se volvieron los más famosos del país con un rudo o técnico al frente de la administración.