Una ambición por ser Gobernadora- Saymi Pineda

En Oaxaca, la sucesión gubernamental parece haber comenzado mucho antes de que los tiempos políticos lo permitan. Y como suele ocurrir en estos escenarios, la promoción personal ha comenzado a sustituir a los resultados como principal carta de presentación de algunos aspirantes.
Uno de los casos más visibles es el de Saymi Pineda Velasco, quien desde la Secretaría de Turismo ha construido una presencia constante en redes sociales, eventos públicos y campañas de imagen que, para muchos observadores, parecen responder más a una estrategia electoral anticipada que a una política pública de largo alcance.
El problema no radica en la legítima aspiración de participar en futuras contiendas políticas. En democracia, cualquier ciudadano tiene derecho a construir un proyecto de gobierno. Lo preocupante es cuando la promoción personal comienza a desplazar la responsabilidad institucional.
Gobernar Oaxaca requiere mucho más que presencia mediática. Es una tarea que demanda experiencia administrativa, capacidad de negociación política, conocimiento profundo de las regiones y, sobre todo, resultados tangibles para la ciudadanía. La complejidad social, económica y cultural del estado obliga a que quienes aspiran a dirigirlo acrediten una trayectoria sólida y una visión integral de gobierno.
Desde esta perspectiva, la actual titular de Turismo enfrenta cuestionamientos legítimos. Aunque el sector turístico mantiene indicadores positivos, buena parte de estos resultados obedecen también a la propia fortaleza histórica de Oaxaca como destino nacional e internacional. Por ello, resulta válido preguntarse cuánto corresponde a una estrategia institucional efectiva y cuánto a una narrativa construida alrededor de la figura de la funcionaria.
La percepción de que la dependencia opera como una plataforma de promoción personal ha comenzado a crecer. Los constantes reflectores sobre la imagen de la secretaria contrastan con las necesidades urgentes de comunidades que esperan una política turística más incluyente, capaz de distribuir los beneficios económicos más allá de los destinos tradicionales.
A ello se suman los cuestionamientos que persisten sobre su paso por la administración municipal de San Pedro Pochutla. Aunque el tiempo político suele intentar borrar los episodios incómodos, la memoria ciudadana mantiene vivas las críticas relacionadas con decisiones administrativas, señalamientos de nepotismo y prácticas que alimentaron la percepción de un ejercicio patrimonialista del poder.
La construcción de una candidatura no puede descansar únicamente en campañas de posicionamiento ni en estrategias digitales. La ciudadanía exige cada vez más perfiles con resultados comprobables, transparencia y capacidad de gobierno.
En política, la ambición es necesaria. Pero cuando la ambición corre más rápido que la preparación, el riesgo no es para quien aspira, sino para quienes eventualmente tendrían que ser gobernados.
Oaxaca necesita estadistas, no celebridades de ocasión.